Mayte Albores

Normalmente lo que escribo lo tengo en la cabeza, en los ojos, en la piel, en el cuerpo... no necesito pensar...

¡Lo que escribo soy yo hecho palabra!



El fuego se apaga con sed.
Al final todo será un mismo infierno que aprendemos a amar ¿será, eso, la felicidad?


Aprieto los labios
con la fuerza
de dejar
mi boca morada.

Los gemidos, internos,
se agolpan al deseo de salir
en un grito espantoso detenido
en nudo
de garganta.

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sábado, 28 de mayo de 2011

En silencio


Pesa sobre mi,
una corona,
donde se engarzan
todos tus desprecios.

Mantengo
erecto mi cuello,
frente a tu mirada "suntuosa",
y cuanto más crees
que me oprimes,
me haces más "señora".

5 comentarios:

Teyalmendras dijo...

Esas coronas que oprimen... deben ser arrancadas.
Saludos ;)

Fran Picón dijo...

La envidia, el miedo, la inseguridad, son los argumentos que usan los que desprecian a quien les puede dejar en evidencia! Un beso, Mayte, y la cabeza muy alta!

Ana dijo...

una vez analizados, agrupados, diseccionados los desprecios y cuando se conoce su contenido es el momento de volver la cabeza y no mirar más a quien no lo merece, definitivamente.

Un beso muy grande, muy buen poema

acróbata dijo...

Para estos casos lo mejor es recurrir al refranero popular, fuente inagotable de sabiduria generacional(creo que cada refrán tiene su inverso, pero bueno, esa es otra historia).

"No hay mayor desprecio que no hacer aprecio"

Besos Mayte.

Luisa dijo...

Eres estupenda. Un beso enorme!


MÁS PUTA QUE NUNCA:
UN ALMA SE VENDE
POR SENTIR UN ESCALOFRÍO
INDESCRIPTIBLE