Mayte Albores

Normalmente lo que escribo lo tengo en la cabeza, en los ojos, en la piel, en el cuerpo... no necesito pensar...

¡Lo que escribo soy yo hecho palabra!



El fuego se apaga con sed.
Al final todo será un mismo infierno que aprendemos a amar ¿será, eso, la felicidad?


Aprieto los labios
con la fuerza
de dejar
mi boca morada.

Los gemidos, internos,
se agolpan al deseo de salir
en un grito espantoso detenido
en nudo
de garganta.

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viernes, 17 de septiembre de 2010

Con título musical:

http://www.youtube.com/watch?v=lS70PHWmfwU&feature=related

Hemos pintado
la sonrisa de la luna,
en todas las noches de ausencia,
esas, en las que pesaba más la soledad
que un cuerpo inerte.

Y corriendo la cortina de nuestros ojos,
dejábamos escapar
los gemidos de una lágrima
que masturbaba nuestro malestar interior,
porque al final, nuestro mundo,
está hecho para ser compartido.


Con los dedos alzados al aire
tratábamos de unir estrellas,
trazando un camino al exterior,
o un puente hacia los sueños,
al quedarnos pequeño este lugar.

Pero aparcados los juegos de niña
en aquella edad desvanecida,
alguien trató de rescatarme,
borrando la apatía, para vivir intensamente,
y marcando de nuevo,
un camino que carecía de señales...

Así conseguimos historias,
que solo pueden ser escritas
por sus dedos y los mios.
Para volver a la nostalgia
cada vez que abramos el libro,
a ese pasado que nos recordará
de lo que fuimos,
lo que somos hoy,
desde guiños nacidos entre nosotros,
para nosotros...
acompañados de las más clásicas canciones,
cuya melodía ha sostenido tantas veces,
nuestra piel en una caricia.

Y nuestras caricias,
las palabras que inventábamos
con la sonrisa de una mirada perdida,
y el calor del deseo trepando
por unas piernas enredadas,
de las que ya no sabíamos,
si eran suyas o si eran mias...

Ahora,
el silencio;
y en el silencio,
un único sonido,
el eco de un corazón que se acelera
por cada golpe de latido,
y va diciendo nuestro nombre
en una sola palabra:
AMOR.

MÁS PUTA QUE NUNCA:
UN ALMA SE VENDE
POR SENTIR UN ESCALOFRÍO
INDESCRIPTIBLE