Mayte Albores

Normalmente lo que escribo lo tengo en la cabeza, en los ojos, en la piel, en el cuerpo... no necesito pensar...

¡Lo que escribo soy yo hecho palabra!



El fuego se apaga con sed.
Al final todo será un mismo infierno que aprendemos a amar ¿será, eso, la felicidad?


Aprieto los labios
con la fuerza
de dejar
mi boca morada.

Los gemidos, internos,
se agolpan al deseo de salir
en un grito espantoso detenido
en nudo
de garganta.

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lunes, 21 de diciembre de 2009

... tu mano que me mata el hambre...



Y quiero recoger mi cuerpo
para extender mi  alma.
Y volar los pasos de la calma,
entre nubes enterradas de arena.

Tirar de la cadena por cada condena,
detener tu despedida un instante,
y abrazarte de nuevo a una pierna,
que enganchada, contigo o sin ti,
siempre seré tu "nena".

Y ya sé que mi nombre no está en tu cama,
y que conmigo no compartirás la almohada,
pero mis sentimientos me esclavizan y,
no quiero evitarte porque no me da la gana...

Porque de lo único que tengo ganas,
es de comerte desde los pies hasta suspirarte
por cada rincón de tu cuerpo, por cada parte,
y quedarme tu boca, cuando disparas tus palabras.

Si de día, en el poeta residen los sueños,
y en la noche, se pierden a ojos cerrados,
cuando vayas a dormirte piensa en mi nombre,
para ser tuya en ese segundo incontrolado.

Mi enfermedad tiene tu nombre,
y para curarme necesito tu juego,
como niños que descubren los cuerpos,
jugando a doctores, haciendo de médicos...

Volar como la paloma buscando tu pan,
picotear tu mano que me mata el hambre,
que siempre tengo más ganas de ti,
insaciable de tus ojos/versos al mirar.

Te esperaré despojada de esperanza
para no hacerme daño a mi misma,
y si se te ocurre algún día visitarme,
aquí tendrás a esa paloma que te vuela
para poseerte en su boca, si te alcanza.

1 comentario:

La sonrisa de Hiperión dijo...

"Mi enfermedad tiene tu nombre,
y para curarme necesito tu juego,"

Porque cuando se comen los frutos prohibidos, ya no se puede vivir sin ellos...

Saludos y un abrazo enorme.


MÁS PUTA QUE NUNCA:
UN ALMA SE VENDE
POR SENTIR UN ESCALOFRÍO
INDESCRIPTIBLE