Es más salvaje la ausencia de uno mismo que del otro.
II
Si duelen los besos, nos hemos convertido en aperitivo.
III
El amor, no es renuncia, pero aprende a decir adiós. Lo dice una madre.
IV
Todo puede parecer importante.
Hasta que un funeral te enseña a vivir
y nada ocupa tanto tu espacio como ese hecho.
V
Es más asqueroso evitar la mancha, que mancharte.
Sea barro tierra o agua. Sea sangre, semen o "babas".
Ándate con remilgos a otra parte donde note toque la vida.
VI
Es importante saber qué no quieres ser
para estar más cerca de saber quién eres.
VII
Un lugar en el mundo puede ser un beso.
Tu lugar, el mejor recuerdo.
VIII
Un máster en Inteligencia emocional:
- ¡Te Quiero!
(decirlo y no cansarte)
IX
No empeñarnos en ser felices todo el rato,
sí en ser mejores.
Al final, ambas cosas suceden sin esfuerzo.
X
Las despedidas deberían escribirse en blanco y negro
que permanezcan en la memoria como cualquier película
repitiéndose incansablemente en nuestras agallas
hasta sonreír por lo que hubo y no por lo que se fue.
Hace más de un año que no escribo en este espacio en particular, y en general hace ese mismo tiempo, más por aislamiento, por un decepcionante desespero de incomprensión.
A veces, escribir era encontrarme, también conocerme.
Hablo de mí, de mi vida, de lo que veo en ella y lo que siento y percibo de alrededor. Esto hace que sea incapaz de reconocer si acaso puedo ubicarme en algún género. Y es que eso de etiquetarme me pesa y, de algún modo, no sé si estoy preparada para responder a las demandas que supone un "apellido".
Me llamo Mayte, pero no siempre me he llamado así. Mi familia no me conoce por ese nombre, nombre que me cambié a los 10 años y con el que me conocen todos los que llegaron después de esa edad. No sé si apuntaba maneras mi lengua extraña.
Estoy decepcionada con la última década vivida. Años que se han ido perforando en mi interior y me han ido enfermando toda la energía y vitalidad de la que se supone disponía para tirar como una díscola animal.
Siempre fui algo "fierecilla", pero sana y buena persona.
Hay cosas que sólo los demás podrán decir, porque yo no me caigo a mí misma ni bien ni mal, pero lo de buena persona puedo asegurarlo. De hecho, es por eso por lo que como algo habitual se me toma el pelo aún a mis ya 35 años cumplidos.
Hace un año y medio que me operaron. Me he recuperado de esa cirugía. Pero no de todas las cicatrices que hacen temblar a diario.
Hoy he pasado mala noche. He tenido dolor. Ataques de ansiedad. A veces fumo un poquito de verde y medio, y bebo cereales fermentados.
No sé qué voy a hacer con mi vida, porque no sé qué va a hacer la vida conmigo.
Diez años, mi única juventud, de lágrimas, de lucha, de una fatal esperanza que al final termina siendo como una inquisición.
Llevo casi un año intentando recuperar algunos pedazos de lo que fui, sabiendo que si fui nunca volveré salvo en esos pedazos.
Casi 10 años porque un día alguien decidió atropellar mi vida, cortarme en rodajas, descoserme, acelerar mis arrugas. Y desde entonces, procuro más que nunca ponerme siempre en el lugar del otro, en el agujero del otro, en el nombre del otro.
No sé si esto me ha ayudado a ser mejor persona, pero desde luego sí que me hizo mucho más infeliz, a mí y a todos los que me rodean.
En este país la justicia no es igual para todos. No es gratuita. No es fácil ni libre. No está limpia de mafias y corrupción. Y yo, a día de hoy padezco las secuelas de aquel alguien que decidió atropellar mi vida, cortarme en rodajas, descoserme, acelerar mis arrugas.
Siempre pensé que "El sexo de boca en boca" aquel libro juguete roto era una reconquista del mundo (al menos, del mío), ahí cuando todavía la vida olía a flor siempre a punto de abrirse. Hoy, me voy desmoronando e intento hacer cuentas honestas para seguir en pie a pesar de la miseria.
Al final, todo queda en una huella en uno mismo. Y observas cómo el desarrollo convierte seres únicos e individuales en instinto de hienas. Todo es dinero, y con él en su exceso o ausencia, amargura.
Ya no sé si odio mi condición de mujer en este mundo masculino.
Mi condición de civilizada en este mundo infame.
Me pregunto a qué y para qué, a dónde llegarán mis letras y si lo harían más lejos de lo que lo estoy haciendo yo.
Justicia, no sé, es posible que dentro de otra década. Hoy, no.
domingo, 16 de marzo de 2014
Me preguntas qué hay de especial en perderme desnuda en la noche, qué insistencia la mía de abandonar el vestido con lo frío que es marzo y someternos a tiritar bajo el manto de una playa.
Yo te digo que para no dejar un rastro borracho de orín en cualquier portal, que el apéndice es muy fácil sacarlo, podríamos bailar sobre las aguas, y disfrutar, sin tiempo en el tiempo, del mar.
No es eso. No.
No es un salgo de fiesta
y un follemos
y un cada uno a lo suyo.
Que no es un polla por coño
ni un vacío que cuaja independiente
pero acompañados y desconocidos.
Que no es un Paco, un Juan
o un cualquiera
con una vida cualquiera
que me importe
tan poco como un pito.
Que eres tú.
Eres tú. Es tu nombre.
Son las ganas de no pasar
de la primera letra del abecedario
y repetírtela
alargándola tanto
como las carreras que hace mi aliento
del ombligo a tu boca.
Que no es un Manolo, un menganito,
un fulanito o cualquier hijo de madre.
Que eres tú. Eres tú
entrando en esta planta carnívora
que te muerde al ritmo de una góndola.
A la deriva, y derivándonos.
Que son nuestras manos
a cuatro manos
achicando agua del suelo de este barco
para llegar al borde de todo borde
cuando jugamos a los extremos.
Que eres tú.
El que me abre las piernas
quien les cambia el significado
y convierte mi cuerpo en almíbar.
Lo escribo con asco,
con la náusea que provoca
una polla de ignorancia merecida
atascada en la glotis.
Lo escribo sobre la leche robada
de una ubre esclava
y sobre todas las mamadas
que no sirvieron de alimento.
Lo escribo
porque aún no puedo "explotarme"
mearme sobre tu cara
y rezar por tu alma
como se reza por los muertos.
martes, 6 de agosto de 2013
Yo no sé las cartas que podré escribir a los seres que me miraron con la máxima admiración que alguien como yo puede provocar.
A los seres que se hicieron como un pequeño punto de luz por debajo de mi ombligo.
A los seres que nacieron expulsados como un rayo hambriento de tierra y camino bajo sus pies.
A los seres que crecieron y con una tibia que ahora duplica el tamaño que tenían cuando por primera vez mis brazos los mecieron.
El amor es coherente y locura cuando os contemplo dormidos y no me canso de contar cuántas veces respiráis en diez minutos;
cuando llenáis de risas las paredes de hormigón y de acualeras los folios que vais "robando" a escondidas de mi impresora
y luego me veo retratada por vuestros pequeños y minúsculos dedos con un vestido de princesa como una superhéroe a la que habéis dado vida o enfadada con unos dientes vampíricos y gritando "no puedo más"
Entonces, es entonces, y sólo entonces únicamente ahí cuando sé que en este mundo una sola cosa ha merecido y merece la pena y que por eso aún es posible seguir seguir viviendo al abandono de ese hermoso estado que me entregáis.
Y os repito, sin remedio, las palabras de cada noche antes de soñar: "mis queridos niños"
por cambiar de bebida:
cava en lugar de cerveza,
por ejemplo,
por besar al aire en lugar de lamerte
por apenas rozarte y
no de golpe y a un golpe, de un abrazo, tirarme
y tirarte
y tirarnos
y tirarlo todo.
Me esfuerzo
por cruzar las piernas
que tienen tendencia a recibirte abiertas,
a jugar con mi pelo y no con tu piel,
a escupirte estupideces como "ahora no"
para hacerme la interesante
¡Pero no me sale!
y entonces llegas y te digo
"vamos, vamos"
y te tapo el ombligo con un dedo
y le canto "eres mi luna" y el mundo entero,
y me vuelvo algo así
como estúpida y romántica y
típica y tópica y como una más
y me lleno de eses y de triples equis y de risas
y subo las paredes a cuatro patas
y me bajas y me pones debajo
y te lucho y te cambio
y corro
y me corro y hacemos corros (y coros)
y luego pienso
"la próxima vez seré más fuerte"
Y sé que no:
dominas (por completo) mis instintos.
Qué tendrán las noches que se vomitan sobre mí
y que atadas a los restos de nuestra memoria
me devuelven tu piel uniendo las galaxias
desde cada una de las yemas de estos dedos
que atravesaron todos los vacíos.
**Imagen: Galaxia enana NGC 6822, bautizada como la Galaxia de Barnard**
Conocí el trabajo de Andrés gracias a una pequeña de seis años, que
cuando a lo lejos escuchó su voz por primera vez, dejó todo lo que estaba
haciendo y se puso delante de su trabajo. Aquella tarde, junto a esa niña, repetí una y
otra vez aquella canción.
Y como sé que los niños tienen un sentido único que
responde a esa verdad absoluta que la mayoría de adultos desconocemos, intuí que estaba ante un verdadero genio del sentimiento.
Puedo confesar, que a unas horas de presentarlo seguía delante de un infinito incapaz de sintetizar. Y cuando digo infinito, todos los que estáis aquí, ya sabéis de qué y de quién hablo.
Y ya que he decidido comenzar con confesiones, sigo en ello diciéndoos que no hay cosa más complicada que dar paso a un ser con el que de algún modo te sientes implicado o implicada emocionalmente, aunque sea simplemente, porque sabes que ha puesto voz, banda sonora o ambas cosas a instantes y/o a las personas más importantes de tu vida; o tal vez, porque es tan especial poética y musicalmente hablando, que uno deduce que siempre ha sido un trovador incluso desde el minuto cero en que fue parido.
Mientras él dice cosas tales como "Mi abuelo cantaba. Mi madre cantaba; yo creo que ella ya me cantaba incluso antes de nacer. Y eso hace que todo lo que te sucede lo relaciones siempre con la música"; su madre lo recuerda como el niño que NO pasó ni una sola noche sin llorar hasta que cumplió los tres años.
Personalmente, siempre que presento a algún poeta, en este caso un cantautor y poeta integral, digo que, éstos, son una herida abierta de la que emana belleza, que son un sangrado, y que de su dolor y de su visceralidad y de su ¿porqué no decirlo así? VALENTÍA y DESNUDEZ, nos vestimos el resto del mundo:
- son "dadores": mientras que las sociedades venden su alma al diablo, ellos nos la reponen con la suya propia -rellenan LOS VACÍOS-
Andrés abandonó su aldea del norte, Pantín, su pequeño paraíso de familia y amigos, de música y marineros, de agua y arena, y arañó el metro de Madrid sin saber lo que era, tocando a la intemperie y al desarraigo, bajo la palabra de las personas más importantes de su vida, las que han contribuido con su orgullo a que hoy esté aquí y con ese: "ADELANTE, HIJO"
Un hombre con una guitarra y una palabra que fue "De ida", dando nombre a su primer álbum, y que a día de hoy, han hecho lo que es.
Señoras y señores, ha llegado Moraima, su último trabajo y un triunfo para todos.
Andrés, hoy estás rodeado de amigos, de personas que aman lo que haces y representas: te decimos que te queremos siempre "De vuelta" y te damos paso con la misma palabra con la que te hiciste:
ADELANTE, ANDRÉS SUAREZ.
Mayte Albores.
PD: agradecimiento especial al amigo Ale Gutiérrez.
"Vuelve, que te estoy confundiendo con las flores
que adornan los defectos de las casas donde aún hablo de ti.
Vuelve, y vuélvete a reír mientras bailamos,
y riégame el jardín que ya no llueve,
(...)
Nieve, te cambio por tu ausencia en los lavabos.
Me cuido menos, debería dejarlo"
(Vuelve - Andrés Suárez)
A Lucía. Por su tiempo desierto. Por cubrir los desiertos.
Por la palabra.
Por nuestra palabra.
Y con la dedicatoria de Andrés que dice así:
"Lucía, hubo nieve y flores,
hubo una Elsa al vuelo de hadas
y tres minutos para siempre tuyos.
Gracias y
Estoy aquí, cantándote bajito"
(De Andrés para Lucía)
lunes, 27 de mayo de 2013
Me gustan los ombligos ahumados,
besarlos y traspasarlos.
Que a veces el amor permite ver
que hay más agujeros que el propio.
Soy amiga de todos mis amigos; y
a los que no son mis amigos, los respeto.
Es un desfile de gañidos:
perras atadas
a labios de colores.
Mimetizan
sus tibias con sus tacones,
y comen aire o tabaco.
En sus espejos,
restos de polvo blanco:
la estela de las hadas.
Comen, todas juntas,
bolas de pelo y, se piden la vez,
para meterse luego los dedos.
Olvidaron los tiempos felices,
trabajar duro es lo que tiene,
pero luego, cuatro desgraciados,
les reconocen el éxito y el mérito
de la operación muerte.
"Quieto parao, no te arrimes, ya son demasiados abriles
para tu amanecer desbocao, mejor que me olvides, yo me quedo aquí a tender mi pena al sol en la cuerda de tender desolación, luego empezaré a coser tequieros en un papel y a barrer el querer con los pelos de un pincel"
(Marea)
Tal vez, tengo un conjunto de lienzos poéticos, y disfruto, rebozándome con pinturas en mis dedos y vistiendo de colores la piel.
Últimamente, me preguntan cosas sobre las personas que conozco personalmente, tipo: "esta casado/a- novio/novia - hijos/hijas??", "¿a qué se dedica?", "cómo llegó a ese punto?"... Casi nunca sé responder. Probablemente porque los pasados son un ancla que, mientras hablamos de ellos, no estamos haciendo el presente y provocando un futuro; y por otra parte, porque tener a una persona al lado o un trabajo "X" no determina lo que somos.
En realidad, intento conocer lo menos posible a las personas, para, en el fondo, conocerlas más que nadie:
sonreír con los ojos, provocar que una mano resbale por el medio de la columna, o asustar a la palabra creando un silencio que lo dice todo.
De lo contrario, no sería yo; sería una mujer diferente, sería una mujer que se esfuerza para que la entiendan, y mi necesidad no es la de que nadie apruebe, sino la de que todos (los que quieran) compartan. Muchas veces me han dicho "pero porqué no hablas? porqué no has contado esto o lo otro? así entenderíamos mejor el porque de tus reacciones..." (al final el agua vuelve al vientre sin demasiado esfuerzo... así dejo yo que sucedan las cosas).
Siento decepcionar de esta forma. Asumo que, ante grandes inseguridades, hay silencios tan incómodos como un grano en el culo. Que el lenguaje cuidado, yo sé, no es decir "fóllame el aliento y provoca que descubra, otra vez, que nunca supieron amarme".
La mayoría, sólo dice: "te quiero"; pero yo no digo te quiero, yo digo "fóllame el aliento y provoca que descubra, otra vez, que nunca supieron amarme". Que tal vez, entro sin pedir permiso en la vida de las personas, que algunas me aman y que otras me odian (y todas tendrán motivos para hacer una u otra cosa, incluso ambas).
Que soy una boca hambrienta de besos.
Que me da miedo, en el fondo, que me toquen, porque me duelen los dedos que sobre mi piel escriben el nombre de otra mujer: incauta, la desdicha de ser azúcar y tener diabéticos con necesidad.
Que desearía que alguien me conociera (o reconociera): conseguiría mucho más de lo que he hecho yo "conmigo".
Que vuelo de sofá a sofá.
Que me tiro de cabeza en cosas que me dañan y me hacen fuerte a la vez (por eso no me arrepiendo). Que he aprendido a controlar mis impulsos, sin embargo por el cuerpo recorre casi la misma electricidad que cuando en la pubertad.
Que siempre fui un niña tímida, una adolescente acomplejada y una adulta perdida; pero canto y escribo y eso me lleva a un lugar seguro.
Que no sé si soy o si dejo de ser.
Que no tendría nada que ofrecer más que una locura desordenada y un "romanticismo" que no está catalogado .
Que soy un ser solitario al que le aterra más la soledad que la muerte.
Que convivir conmigo es como hacerlo con un extraño que conoces sorbo a sorbo.
Que sangro y me lo bebo.
¿A quién coño le importa, pues, si uno trabaja doblando jerseys, metiendo fabada en botes, vendiendo penes de plástico o tiene más títulos enmarcados en la pared que rollos de papel de "váter" gastados?
domingo, 24 de marzo de 2013
Algunos hablan de sexo desde su represión y necesidad; otros, sin embargo, hablan desde la más fiel libertad, desde la naturalidad con la que hemos sido paridos. El mundo se sorprendería sabiendo que la mayoría está en el primer bando o cabalgando sin definición entre ambos lados.
Pocos, realmente, son fieles a la naturaleza: somos el fruto de la doctrina siendo la sociedad la que nos pone las pilas, al fin y al cabo, de nuestro mando (aunque luego nosotros seamos los que decidimos que botón pulsar).
viernes, 22 de marzo de 2013
Ei pequeña, que el mundo hace cuentas
y tú cuentas todos los mundos que te caben en los ojos.
Ei pequeña, no llores, que en ese tiempo te resbala el arco que podría hacer sonar las cuerdas de todas tus vértebras.
Ei pequeña, lo dirán, dirán que el amor es uno por uno;
pero lo mejor de ser nómada es robar las temporadas a pares,
las más intensas, aunque duren lo mismo que media estación.
Después de dos años, "El sexo de boca en boca" me sigue dando muchísimas satisfacciones con nombre de persona:
"Es un libro muy especial. Y aunque
comentes que se te descubre tu inmadurez poética porque lo escribiste
con poco más de 20 años, es todo muy relativo; porque dentro de esa supuesta
inmadurez poética hay una exquisita y joven madurez en la intimidad de
cada verso, de cada sentimiento, y también, autenticidad y control de la
palabra poética, con mucha significación y fuerza vital.
Personalmente
me ha llegado y mucho, por esa frescura tuya, y porque te desnudas sin
tabúes ni corsets palabra a palabra, verso a verso y poema a poema. Te
leo y te releo, me parece un libro
de una belleza y sensualidad poética muy especial, es tu identidad de
entonces convertida en versos.
Leerte, me ha sido muy bonito, gratificante y casi un acto amoroso"